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Inteligencia operativa: el siguiente salto de la inteligencia artificial en agricultura

Equipo VisualNACert 6 min de lectura
Inteligencia operativa

Durante años, el sector agroalimentario se dedicó a digitalizar: explotaciones, procesos, organizaciones. Y sin embargo, como planteaba Mercedes Iborra en una columna de opinión publicada en Valencia Fruits el 21 de julio, el verdadero legado de ese esfuerzo no fue la información almacenada, sino el conocimiento que la inteligencia artificial en agricultura puede convertir ahora en lo que ella misma llama "inteligencia operativa": la capacidad de una organización de poner todo su conocimiento acumulado al servicio de quien tiene que decidir, en el momento exacto en que lo necesita.

Mercedes Iborra, cofundadora de VisualNACert, sobre inteligencia artificial en agricultura

Qué es la inteligencia operativa, en sus propias palabras

Mercedes Iborra define la inteligencia operativa de forma muy concreta: no consiste en tener más información, consiste en que la información adecuada aparezca en el momento adecuado, con el contexto adecuado, para ayudar a decidir mejor. Es una distinción que parece sutil pero que cambia por completo el objetivo de digitalizar: durante la primera ola no bastaba con almacenar datos, y ahora tampoco basta con tener modelos de IA potentes si esos modelos no pueden conectarse con el conocimiento específico de cada organización.

El ejemplo que ella misma pone: el desarrollo de una variedad vegetal

Para ilustrar la idea, Mercedes Iborra recurre en su columna al desarrollo de una variedad vegetal: su éxito no depende solo de la genética de partida, depende de todo lo que se aprende después —cómo responde en distintas zonas de cultivo, qué manejo da mejor resultado, cómo evoluciona la calidad, qué aceptación tiene en el mercado, cómo se comporta en postcosecha—, conocimiento que hoy suele quedar repartido entre obtentores, productores, técnicos, comercializadores y centros de investigación, sin que nadie tenga la vista completa. La inteligencia operativa es, precisamente, la capacidad de dejar de tener ese conocimiento disperso y convertirlo en apoyo real para decisiones futuras.

Lo mismo se aplica a fertilización, riego o sanidad vegetal

Mercedes Iborra extiende la misma lógica a fertilización, gestión del agua, sanidad vegetal, certificaciones o planificación económica: en todos esos ámbitos, la ventaja ya no dependerá solo de disponer de información, sino de la capacidad de transformarla en conocimiento útil en el momento de decidir. Llevado a la práctica, esto se nota en frentes muy concretos: un histórico de varias campañas permite ajustar la fertilización a lo que cada parcela ha demostrado necesitar, cruzar el dato de suelo con el histórico climático permite anticipar el estrés hídrico, y un modelo que aprende de campañas anteriores puede señalar el momento óptimo de intervención frente a una plaga, en lugar de esperar a que el daño sea visible.

Por qué AgroVRAIN se construyó con esta misma lógica

Es la misma reflexión que, según cuenta Mercedes Iborra, ha acompañado el desarrollo de AgroVRAIN desde el principio: el reto no era construir un asistente que respondiera preguntas genéricas sobre agricultura, era desarrollar una inteligencia especializada capaz de trabajar con el conocimiento agronómico propio de cada organización y hacerlo útil para quien decide cada día. La ventaja competitiva de los próximos años, defiende, no estará en qué modelo de IA se use —esos modelos estarán al alcance de todos— sino en qué tan bien cada organización convierte su propio conocimiento en inteligencia operativa.

Por qué este momento es distinto a la ola de digitalización anterior

La diferencia con la primera ola de digitalización agrícola es que ahora existe una base de datos histórica sobre la que trabajar. Las explotaciones que llevan años digitalizando —aunque no lo supieran en su momento— están mejor posicionadas para aprovechar la IA que las que empiezan de cero, porque ya tienen el histórico que un modelo necesita para aprender de forma útil. La digitalización, con esta perspectiva, deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en la materia prima de la siguiente etapa.

Una reflexión, no una promesa

Esto no es una promesa de automatización total ni un mensaje de sustituir al técnico o al agricultor por un algoritmo. Es, como defendía Mercedes Iborra en su columna, una constatación de hacia dónde va el sector: de acumular información a interpretarla, y de interpretarla a decidir con ella. El agroalimentario español lleva más de una década digitalizando; el reto de los próximos años no es seguir digitalizando más, es empezar a preguntarle a esos datos lo que llevan años callando.

Qué dice el sector cuando se le pregunta si la digitalización basta

La reflexión de Mercedes Iborra no surge en el vacío: coincide con una conversación cada vez más presente en foros, congresos y publicaciones del sector agroalimentario español sobre si años de inversión en digitalización se están traduciendo realmente en mejores resultados económicos. La respuesta que se repite, con matices, es que la infraestructura de datos ya existe en muchas explotaciones y cooperativas, pero el salto hacia decisiones distintas —no solo hacia más informes— todavía está por darse en la mayoría de los casos.

Cooperativas: el lugar donde este salto puede tener más impacto

Las cooperativas agroalimentarias son, quizás, donde la inteligencia artificial en agricultura tiene más recorrido a corto plazo, porque ya concentran datos de cientos de socios y explotaciones. Un modelo que aprende de ese volumen de información puede detectar patrones —qué manejo funciona mejor en qué tipo de suelo, qué combinación de riego y fertilización da mejor resultado en años de sequía— que ninguna explotación individual podría identificar por sí sola. Es una ventaja que el sector cooperativo español todavía no está aprovechando a la escala que podría.

Esta conversación tampoco es exclusiva de España: en toda la agricultura mediterránea se repite el mismo patrón de explotaciones que llevan una década acumulando datos sin haber dado todavía el salto hacia decisiones basadas en ellos. Lo distintivo del planteamiento de Mercedes Iborra es que no lo presenta como un problema tecnológico —"nos falta más IA"— sino como un problema de enfoque: hay que empezar a preguntarle al histórico qué patrones esconde, en lugar de seguir acumulando otro año más de registros sin explotar.

Esa es, en definitiva, la misma conversación que atraviesa el resto de este calendario editorial: de los cítricos al almendro, del olivar al medio rural en general, el patrón se repite en cada cultivo con matices propios, pero con la misma pregunta de fondo sobre qué hacer con los datos que ya existen.

Por dónde empezar si tu explotación o cooperativa ya tiene datos

El error más habitual es esperar a tener un sistema perfecto antes de empezar a usar la inteligencia artificial en agricultura. En la práctica, el punto de partida realista es mucho más modesto: identificar qué histórico ya existe —de riego, de tratamientos, de rendimiento— y empezar a aplicarlo a una sola decisión concreta de la próxima campaña, en lugar de intentar transformarlo todo a la vez. Ese primer caso de uso, bien elegido, suele ser el que demuestra el valor y abre la puerta al resto.

Si tu explotación o cooperativa ya tiene años de datos y quieres empezar a extraer decisiones de ellos, hablemos de cómo lo hacemos en VisualNACert.

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